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La vida como una escuela

Escrito por quinqui el 12/10/2017 21:10 hrs. Modificado el 12/10/2017 21:11 hrs.
Guardado en Pensamientos
La vida es como una carrera universitaria o un curso de adquisición de competencias.

Antes de nacer, nuestro ser místico sabe en qué materias se encuentra débil, y por eso se inscribe voluntariamente en aquellos ramos o cursos que le servirán para mejorar en aquellas materias.
Durante esta vida “terrenal” va recibiendo las lecciones y es sometido a las distintas pruebas para que, tras aprobarlas, pueda pasar a los siguientes niveles de aprendizaje.

Ahora bien, en esta vida terrenal, contamos con dos consejeros que nos “soplan” las respuestas todo el tiempo.

El más bullicioso es nuestro compañero de este plano, el tan mentado Ego.
Él es como esos flaytes, que siempre están exigiendo cosas de los otros, apelando a derechos inalienables, pero con argumentos tan sosos como vacíos, nacidos de la ignorancia. Su discurso más típico, a la hora de demostrarnos por qué debemos creerle a él lo que nos dice, es “yo soy parte de este mundo, yo nací en este mundo, ¿quién mejor que yo puede conocer cómo funciona este mundo sino yo, que nací en él?”, ignorando convenientemente el hecho de que lleva la misma cantidad de años que nosotros en este plano, años que son tan nimios al lado del todo el conocimiento y sabiduría que sólo se puede adquirir tras millones de iteraciones.

El otro consejero no es uno, sino muchos. Ellos son todos aquellos compañeros que ya han aprobado los ramos que estamos intentando pasar, y nos soplan al oído las respuestas. Ya que ellos se encuentran fuera de este mundo, generalmente se comunican usando el canal de mensajería instantáneo que traemos incorporado en el cuerpo: nuestro corazón. Este punto de nuestro ser corpóreo es el lugar donde se conecta el cordón umbilical que nos mantiene unidos a nuestros ser verdadero y místico. En algunas ideologías, le llaman chakras, pero para mí todo eso es poesía: una forma hermosa de describir lo mismo, y aunque me agrada, prefiero la visión que he encontrado en mi propia experiencia, y es la de, como ya dije, mi corazón.

Volviendo a los consejeros aventajados, cabe mencionar que, cuando no se pueden comunicar a través de nuestro corazón, lo pueden hacer por medio de sus propias encarnaciones, quienes nos dirán las respuestas también, hablando en nuestro propio lenguaje humano y terrenal. Estos pueden ser nuestros amigos, familiares o incluso un perro en la calle: los consejeros nos pueden hablar de muchas maneras, pero es tarea nuestra escuchar y entender lo que nos dicen.

Voy a poner un ejemplo sencillo. Resulta que una persona muy querida nos ha fallado y herido gravemente. Esa es el "contenido" de la prueba. Viene entonces el momento de rendirla. Cuando recibimos la hojita, el título de la materia dice “Saber perdonar”. Y es allí cuando nuestros amigos consejeros saltan de la nada a “soplarnos” la respuesta. Lo más típico es que nuestros amigos que ya aprobaron esta materia nos digan una respuesta que generalmente es la más lógica y sencilla: “Perdónale, quedarás en paz”; pero justo al lado está nuestro querido amigo Ego, y no necesariamente sólo él, sino también pueden estar los Egos de nuestros seres cercanos, gritando a todo clamor “¡Cómo se te ocurre que le vas a perdonar! ¡Mira todo lo que has sufrido, todo el daño que te ha hecho! Si le perdonas ahora, estarás permitiendo que te lo vuelva a hacer. ¡No seas débil, defiende tus derechos!”..., etc.

Por supuesto, los argumentos de los Egos son más rimbombantes, y probablemente les hagamos caso a ellos, antes que a los que saben más. Porque el Ego se alimenta de halagos, y en este mundo de Egos, es mejor mirado quien recibe más halagos. Y si todos dicen “haz esto”, y tú lo haces, te alabarán por mil, y tu Ego quedará por las nubes.

Porque hacer lo correcto no es necesariamente sinónimo de hacer lo que más nos agrada (o que le agrada al Ego). Lamentablemente, muchas veces lo correcto es hacer algo que nos desagrada mucho, que nos desgasta, que sabemos que nos podría matar, como por ejemplo, cuidar de un enfermo terminal. Pero si realmente lo hacemos, no sólo habremos aprobado la materia, sino que sentiremos una liviandad en el cuerpo, una descarga. Ya que aprobar ramos es, literalmente, quitarse cargas de encima.

El problema aquí entonces no es la falta de respuestas para poder aprobar las evaluaciones: el problema es el metebullas de nuestro Ego. Porque él grita como condenado todo el tiempo a nuestro lado. Él siempre tiene la razón. E imaginen a todos los Egos del mundo gritando al mismo tiempo, ¡es una histeria! Y por eso, la verdad, la mayor parte del tiempo le creemos; incluso en aquellas ocasiones, en que más que porque en verdad confiemos en él, lo hacemos por cansancio. “Ya, ya, ok, te creo. Hagámoslo como tú dices, pero por favor, ¡cállate!”.

Y ahí nos llega entonces el resultado del test: Reprobado.

La verdad, estoy siendo nefasta con el Ego, asumiendo que siempre sus respuestas serán erróneas, cuando puede que en ocasiones, por casualidad le acierte. Pero esto es sólo una metáfora sobre lo que creo que es la vida.

Porque en verdad en lo que creo es en que, a través del corazón, las respuestas siempre son certeras. Es mi creencia personal en lo inexplicable. Al menos yo he aprendido a escuchar a mi corazón, y casi siempre ha tenido razón. ¿Cómo lo he comprobado? Porque tras hacer lo que a través de él me han aconsejado, he vivido luego más tranquila. Y sobretodo, he podido seguir avanzando.

Porque si la vida es un conjunto de materias que hay que ir aprobando como en la universidad o la escuela, asimismo tras aprobar unas, se puede continuar, y comenzar a aprender las que vienen más adelante, en niveles más avanzados.

En lo personal, creo que una de las materias que vine a aprender en esta vida es “Cómo superar a la soberbia”. Y hasta la fecha, aún no puedo aprobarla XD jajaja… Porque, si seguimos la lógica de “la vida es como una carrera universitaria”, creo que cuando uno logra aprobar todas las materias para las que se inscribió en esta vida, nos deberíamos poder “graduar” de ella. Vale decir, morirnos XD. Y ya que aún sigo viva, debe significar que todavía me faltan por aprender muchas cosas, rendir las correspondientes evaluaciones, y aprobarlas, para poder seguir avanzando y luego, “graduarme”, jijiji...

En ese mismo sentido, podría seguir haciendo comparaciones, como por ejemplo, inferir la razón de aquellas tristes muertes “prematuras”. Me refiero a aquellas ocasiones en que los deudos se cuestionan el porqué de la partida de un ser inocente, y/o de un ser bueno. A veces su propia religión no les ofrece una respuesta satisfactoria, y llegan a renegar de sus dioses por sentirse traicionados o cosas por el estilo. Pero, si pensáramos que la vida es una escuela de ramos optativos, ¿por qué no pensar que aquel ser que partió prematuramente, en verdad aprobó casi de inmediato sus “estudios”, por lo que ya no era necesario permanecer aquí, pues se había graduado rápidamente? ¿Por qué no pensar que se trata de seres en verdad aventajados, que sólo necesitaban aprobar un mísero ramo para continuar y evolucionar en su propio sendero? O quizás, ¿por qué no hacer oídos sordos un instante a nuestro Ego, y pensar que tal vez la “prueba” que debían rendir esos seres se relacionaba con nosotros mismos, que era necesario para nosotros experimentar ese dolor, y que esos seres tal vez eran tan pero tan aventajados, que se ofrecieron voluntariamente para encarnar y así ayudarnos a pasar una prueba de nuestra propia “carrera”?

Al menos a mí este pensamiento me da mucha paz. Cuando mi madre falleció a los 53 años, mi corazón me dijo que ella ya no tenía nada que hacer en este mundo, prácticamente que estaba haciendo tiempo extra, “sufriendo” gratis. Aunque sufrí y sentí mucho dolor por su partida, mi corazón me calmó gracias a esa misteriosa certeza. En su momento (14 años a), por supuesto no analicé tanto el asunto como lo hago ahora, pero las certezas del corazón no necesitan análisis: son, existen. Y hoy más que nunca, siento fe por primera vez en muchos años.

No obstante, como soy una persona de mecánica mental más bien científica, sigo sin poder comprobar todo lo que digo, en especial sobre lo que pasará cuando muera. Pero, por lo mismo, siento paz. Porque si no puedo saber hoy qué me ocurrirá después de muerta, ¿para qué me preocupo ahora de eso? Si bien mi mundo hoy es el material, y mi corazón me habla intentando darme tips sobre cómo vivir aquí, entonces de eso se trata todo: intentar vivir bien mientras dure mi paso por esta existencia. De lo que pase después de muerta, me ocuparé cuando ocurra. Y si lo miro así, ese es un pensamiento alentador. Porque ¿qué nuevos desafíos tendré que enfrentar después que parta de aquí? ¿Quién seré en realidad? :)

PD: Me pregunto, si las personas que mueren muy viejitas ¿será que algunos de ellos nunca aprobaron sus ramos, y murieron porque el cuerpo material ya no les dio más? O ¿será que la “carrera” de otros era de esas largas, como Medicina o Arquitectura, que demoran mucho porque tienen muchas materias que aprobar? Jejeje… Como dije, esta metáfora da para muchas conjeturas, jijiji :P ¡Les invito a jugar a comparar! ;)


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