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Estilo de vida de ricos y arribistas

Estilo de vida de ricos y arribistas

Pues eso, sobre mi querida patria chilena y su casta de inconformistas

Escrito por quinqui el 08/12/2013 01:23 hrs. Modificado el 10/12/2013 01:24 hrs.
Guardado en Sociedad
Etiquetas: Críticas, Reflexiones
Es usual en mis discursos apelar al arribismo chileno como uno de los males de nuestra sociedad. Y hoy por hoy, se ha vuelto más patente en mis cercanías. El otro día tuve ese chispazo divino al ver uno de los tantos comerciales que dan por TV, ofreciendo servicios y productos, como el del collage de fotos que puse acá.

El pensamiento que se me vino a la mente en dicha oportunidad (y creo que fue por un comercial de leche o comida de mascotas), fue que los comerciales también deberían tener una catalogación, como los programas de TV: así como se usa la I para programa infantil, la F para programas para toda la familia, la R para programas de responsabilidad compartida, y la A para programas estrictamente para adultos, los comerciales también deberían ostentar en la esquina de la pantalla una clasificación, indicando el grupo socioeconómico y cultural al que están dirigidos. Algo así como una B, para los productos que pueden ser comprados por la gente de escasos recursos; una MB, para los que pueden serlo por quienes tenemos un poco más; una M, para los que tienen más que nosotros, pero siguen sin tener demasiado; una MA, para los que viven más relajados; y una A para aquellos que ni siquiera cuentan el dinero, pues no sufren de necesidades.

Por supuesto que esto raya en lo sarcástico, y sería impracticable en la realidad, debido a los sentimientos que pudieran verse heridos al no sentirse identificados con los europeos, pero sí con los indiecitos locales.

Pero precisamente, ese pensamiento me vino de la idea de la dignidad de las personas. Generalmente estos comerciales muestran familias de gente caucásica rubia (conocidos en mi querido Chilito como peloláis), que viven en amplias y modernas casas bien iluminadas, espaciosas y con un patio que alcanza para tener piscina y hacer correr al perro labrador. Y cuando escucho o leo el mensaje al final, como el del descarado comercial de la imagen "personas como tú", no puedo dejar de decir ofendida ¿en qué mundo me siento yo identificada con toda esa gente? ¿se sentirá parte de ese mundo la señora gordita y con ascendencia precolombina que cuida a ocho niños chicos a la vez, mientras cocina y lava la ropa? Pues no lo creo. Cuando veo estos comerciales, siento que son como una burla para las personas que no "somos como tú".

Ahora bien, estoy generalizando, eso que quede claro. Por supuesto que muchas personas de los grupos socioeconómicos a los que no están dirigidas estas publicidades ni siquiera deben reparar en ello, sea porque son personas humildes y felices con sus vidas, o, por el contrario, porque en efecto piensan que el mensaje sí es para ellos, y tienen como objetivo de vida lograr llegar a vivir de ese modo, aunque la vida se les termine antes de darse cuenta que todo era una fantasía.

Como sea, este estilo de vida que ofrece la pantalla chica es bastante perturbador. Y no me gusta nada. Raya en lo snob, en cualquier tendencia que los rebaños siguen por estar de moda, tragando sin cuestionarse lo que comen. Por ejemplo, a mí me encanta la tecnología, los videojuegos, y eso lo he sentido con pasión desde que tengo uso de razón; pero las modas hoy permiten que personas que ni siquiera saben dónde están paradas, se vuelvan locos con esas mismas cosas, para luego dejarlas tiradas sin haber sacado ningún provecho espiritual, salvo el haberse lucido y ostentado ante sus cercanos que ellos compraron tal aparato de última generación o vieron tal película taquillera. Qué vacuidad...

En fin, el meollo de todo este asunto, en todo caso, iba al estilo de vida que nos muestran los vendedores, y cuán lejano está del mundo real. Hace no más de tres décadas atrás, todo costaba mucho esfuerzo, y por eso, se daba más valor a las cosas, fueran materiales como inmateriales. Y si bien el mundo actual nos ha dado vuelta este paradigma, al ofrecernos la comodidad a bajo precio, no deja de ser el mismo caro valor de antaño, pero que ahora podemos pagar en incómodas cuotas mensuales, con lo cual al final, nadie tiene nada, lo único que se tiene sí o sí, son deudas. Y sigo pensando que es cruel dar esos comerciales, que le llenan de fantasías la cabeza a la gente que jamás logrará vivir de ese modo. Es crueldad.
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