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La Materia Oscura y otros libros

Lo que queda cuando releemos una historia

Escrito por quinqui el 07/01/2015 01:56 hrs.
Guardado en Literatura
Etiquetas: Crítica, Reflexiones
Cuando estrenaron en cines la película "La Brújula Dorada", fui a verla al cine sin mayores espectativas. Cuando terminé de verla, tampoco es que me haya cambiado el mundo ni mucho menos, aunque me pareció simpático aquel asunto del alma externalizada en forma de animal. De hecho, en aquella ocasión, recuerdo haberme dicho "si hubiese visto esta película a los 10 años, habría alucinado heavy, intentando descubrir cómo era mi daimonion".

Lo cierto es que sí quedó una chispita de interés en mí tras ver el filme. Poco tiempo después, adquirimos los tres libros de la saga: Luces del Norte, La Daga y El Catalejo lacado, de Philip Pullman, los cuales acabo de terminar de leer por segunda vez, tras años de haberlos leído por vez primera.

Es increíble que en tan poco tiempo haya podido modificar mi percepción del libro (cuando digo libro me refiero a los tres libros): la verdad es que en estos años he experimentado ciertos cambios profundos en mi vida personal que, inevitablemente, han aflorado al releer la historia y hacerme entenderla desde otro punto de vista. Muchas cosas que leí en la primera pasada, aparte de no entenderlas, hube de obviarlas pues sólo se solucionarían al leer los siguientes episodios. Al leer un libro por segunda o tercera vez, podemos ir atando los cabos que antes pudimos dejar sueltos. Pero en este caso específico, no eran sólo cabos, ya que la historia aparece realmente intrincada, cuando al final, no lo es tanto (no sé cómo explicar esto, pero sólo lo pude entender al releer el libro). El caso es que ahora pude experimentar un poco mejor lo que los personajes, en vez de sólo ver lo que les pasaba. Pero eso es otra historia...

El caso es que mientras releía los libros, igual me volví a enganchar con el asunto de los daimonions. Y así fue que me puse a investigar. No tenía idea de que el término ya existía, y que su primera alusión vino de la Grecia antigua, donde el filósofo Sócrates nombra como daemon a nuestra conciencia. Esto, por supuesto, es lo más cercano al daimonion de Pullman. Por otra parte, encontré también sitios web que incluso nos enseñan cómo visualizar nuestro daimonion, jejeje... La verdad es que en el libro mismo, se nos enseña cómo hacerlo (la bruja Serafina le explica el modo a Mary Malone), pero yo no lo noté durante mi primera lectura. No voy a decir que intenté ver mi daimonion, porque en verdad no lo he hecho... aún, jejeje xD... Hablando en serio, no creo que lo haga, me gana mi parte escéptica y anciana (soy lo que predico en un mini cómic que hice hace años: los seres irreales y fantásticos sólo pueden ser vistos por los niños, cuando crecemos, perdemos esa habilidad).

Pero volviendo a la historia, de partida decir que no es para niños, como ha sido vendida en todo el mundo. Me disgusta cuando los editores o vendedores les da con establecer el público objetivo de un producto "para niños", sólo porque los protagonistas de tal producto son "niños" (es como con los cómics o dibujos animados, que hacen lo mismo: porque son "monitos", ah, son para niños, cuando los personajes se destrozan -física o moralmente- despiadadamente, etc.). Como sea, no puedo catalogar esta historia en particular como buena o mala. Sólo es. Debe ser porque no tiene un cariz moral. No intenta moralizar. Sólo nos cuenta una historia de vida, aunque no lo creamos, normal: los personajes pasan por visicitudes extraordinarias, para al final tomar una decisión ordinaria.

También sopesé el asunto ese de la no factura de las películas correspondientes a los dos libros que siguen al primero. Si bien en parte me lamento por ello, por otra parte pienso que sería muy difícil en verdad llevar al público masivo, que supone el cine, una historia donde se insinúa una oposición a la iglesia judeo-cristiana. Y digo "insinúa", porque lo cierto que en los libros jamás, jamás se menciona a la Iglesia de nuestro mundo. Todo ocurre en el mundo de la pequeña Lyra, con su Magisterio, que se asemeja más a nuestra iglesia judeo cristiana, pero de los oscuros siglos pasados. He pensado que por ahora es mejor que no lleven a la pantalla grande esta historia, pues se necesita una mente demasiado libre y desprendida de los credos y prejuicios para poder entenderla como una historia de fantasía, y no como una crítica a nuestra sociedad, por mucho que tal vez lo sea.

Debo reconocer que en los últimos tiempos he tomado una decisión respecto a qué libros leer: me he antepuesto un prejuicio, el cual es evitar leer libros escritos por autores muy jóvenes (vale decir, menores de 30), que hoy por hoy están haciendo grito y plata con sus adaptaciones al cine. Me pasó con la historia iniciada en Divergente, la cual fui a ver en su formato cine cuando fue estrenada la película. En su momento, cuando vi el trailer, quedé prendada de la premisa del universo allí descrito. Por eso fue que la fui a ver, y por su nula participación en la historia final, fue que decidí no adquirir los libros en los que fue inspirada.

Sucede que cuando somos jóvenes, tenemos la cabeza llena de ideas, que juramos son geniales, como si a nadie más se le hubiesen ocurrido antes, y tenemos la arrogancia suficiente para mostrarlas al mundo. Si encima somos inteligentes, adornamos la historia con cosas llamativas que engancharán al lector o telespectador a la primera. Pero entonces llega aquello para lo cual los jóvenes no tienen aun la suficiente pericia: el final de la historia. Los autores jóvenes no saben cerrar sus historias. Es un hecho y nadie es culpable de ello, pues para poder hacer un buen final a una historia, es necesario ser viejo y haber vivido y experimentado muchas cosas. En el caso específico de la saga que es iniciada por Divergente, una amiga, que la leyó completa, apoyó mi teoría con su experiencia personal de los libros.

En la historia de Divergente lo que menos importa es el mundo: lo que nos debe enganchar es la historia de rebeldía de la chica y su apasionado romance con el chico alfa. He ahí la diferencia con una historia escrita por un autor experimentado: la historia de Divergente la podemos recontar en cualquier otro contexto o ambiente; la historia de Pullman sólo puede ocurrir en el universo por él creado, pues los personajes son parte de él y están atados a sus reglas, sin posibilidad de desligarse. Lo mismo, por ejemplo, podría decir de El Señor de los Anillos de Tolkien, donde por mucho que encontremos similitudes entre nosotros y los hobbits, nunca podremos igualarnos, ya que ellos poseen no sólo una talla que los hace vivir sus vidas adaptados a ese aspecto, sino que viven en un mundo con tal y cual suceso inminente, al cual están, nuevamente, atados, y al cual deberán en algún momento enfrentar.

Cierto es que no he leído los libros de la saga de Divergente, pero cierto es que tampoco lo haré, y por más críticas que reciba de los jóvenes lectores y fans de la misma, no cambiará mi opinión sobre que los autores viejos saben más por viejos que por sabios, y eso es un hecho. Por eso esperaré a tener 60 años para escribir mi primer libro, jajaja xD... no falta mucho, espero estar viva aún! jojojo ^^
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